– Pedimos al gobierno municipal de Gozón que renuncie a la comodidad de la prohibición del baño en El Gayo y se ocupe de organizar el tránsito y aconsejar a los jóvenes y mayores para que se pueda disfrutar de Luanco.
– Es necesario buscar una alternativa fuera del casco urbano al aparcamiento en lugar de recortar plazas a los vecinos. El estacionamiento del puerto sirve como reclamo para llenar más la playa. ¿Qué fue del plan de movilidad contratado por 48.000 euros hace más de un año?
– Lamentamos las palabras de alcalde achacando la responsabilidad de un rescate en Verdicio a las bañistas. La falta de socorristas y de señalización alimenta una falsa idea de seguridad. Es responsabilidad del gobierno municipal garantizar la integridad de los ciudadanos.

Todos los vecinos y visitantes de Gozón son conscientes de la situación sanitaria en que nos encontramos y su respuesta está siendo correcta. Los casos aislados que rompen las recomendaciones y normas establecidas forman parte de la normalidad y deben ser erradicados sin afectar a la totalidad de la población. Por ello, no entendemos que el alcalde de Gozón pretenda dejar sin el ya histórico uso recreativo la zona del Gayo, limitando la zona solo a paseos. El concejo se llena en los meses de verano, con las consecuencias que ello trae, pero es algo sabido de todos los años y no se han tomado medidas ni para una situación normal ni para la especial que tenemos que afrontar por una pandemia.

No hay que prohibir, hay que organizar. Es precisa una campaña de sensibilización en la entrada de las playas del concejo y en los puertos. Hay que informar sobre el peligro de no cumplir las normas. Incluso se podrían repartir mascarillas. Pero hay que salir del despacho y ver a pie de calle qué necesidades existen. Es preciso regular el tránsito en el Gayo y evitar las aglomeraciones. Lo sabemos. Para ello, se puede contar con personal eventual que informe y dirija los flujos de movimiento. Y con aplicaciones informáticas que ya se vienen utilizando en otros concejos costeros de Asturias. La playa y el Gayo son elementos imprescindibles del verano de Luanco. Cerrar el uso de La Ramblona no hará más que llevar más usuarios a otros arenales, trasladando el problema, pero sin resolverlo. Tanto esta zona como el muelle, ya sin uso pesquero, deben ser recuperados para los ciudadanos.

También el tráfico es un problema repetido año tras año, con la falta de plazas para estacionar los coches. Si en años anteriores no parecía buena idea meter un aparcamiento junto a la playa, lo que provoca un caos de tráfico en los accesos, mucho menos conveniente se muestra este año, facilitando el efecto llamada. La idea de eliminar plazas en las calles próximas a la mar, además, no hace más que perjudicar a los vecinos de la zona, sin solucionar el caos. Como en Bañugues, con el problema añadido de la falta de saneamiento y los vertidos a la playa.

Hace más de un año se adjudicó la elaboración de un plan de movilidad por 48.000 euros del que nada se sabe. Han pasado un verano y un invierno completos, como hacía falta para comprobar las necesidades, pero seguimos sin saber cuáles son las conclusiones y las soluciones propuestas. Mientras tanto, se veía venir que habría necesidades especiales este verano y nada se ha previsto, dejándolo todo a la improvisación de última hora. Es urgente adecuar un aparcamiento disuasorio en el exterior de Luanco y facilitar la movilidad interior. El futuro va claramente a ciudades sin coches, pero el gobierno municipal parece desconocer el más inmediato de los futuros. Y es igual de necesario facilitar el acceso a los vecinos al edificio consistorial, al centro de salud o al comercio. ¿Dónde están las soluciones de la mayoría absoluta? ¿Dónde están, por lo menos, planteados siquiera los problemas?

Por último, queremos expresar nuestro enérgico rechazo a las declaraciones del alcalde culpando a las bañistas que tuvieron que ser rescatadas esta semana en la playa de Verdicio. Unas vecinas de León, desconocedoras del peligro de esa playa, como tantos otros usuarios. Que no hubiese socorristas ni carteles advirtiendo del riesgo contribuye a transmitir una falsa sensación de seguridad. La responsabilidad de los encargados de velar por la seguridad de los ciudadanos no puede recaer en éstos. Y echar balones fuera no puede ser la línea política de un gobierno serio.

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