Asturias por la Izquierda

“Lo que deben preguntarse los asturianos es, simplemente, si existen razones suficientes para sobrevivir como autonomía, esto es, como colectividad o ha llegado la hora de la dimisión histórica. En el primer caso deben empeñarse, sin demora, en la recuperación de su protagonismo comunitario en el concierto de los pueblos.” Pedro de Silva, 1976

Asturias avanza de forma indeseada y poco consciente hacia una desconexión completa con el siglo XXI. Una desconexión física, producto de nuestra geografía, pero también sustentada en el retraso y la paralización de infraestructuras indispensables desde el punto de vista interno y externo. Una desconexión económica, por la caducidad, más o menos inmediata, de una parte, significativa de las estructuras productivas basadas en la economía de industria pesado-extractiva y energética. Una desconexión también social y demográfica, con una pirámide poblacional envejecida, agravada por la emigración de un porcentaje importante de la generación nacida en los años 80 y 90. Una desconexión territorial interna, alimentada por un inveterado localismo que ha impedido aprovechar las sinergias que una buena coordinación del territorio habría permitido. Y una desconexión generacional en la que ha crecido el escepticismo y la desesperanza entre la juventud que ve que aquí su futuro laboral y su proyecto de vida son inciertos e intuye que la emigración es una opción inevitable.

Esta desconexión responde a causas diversas pero relacionadas. La entrada de España en la CEE supuso el inicio del desmantelamiento del modelo productivo asturiano, ese modelo blanco-negro-gris (leche-carbón-metal) que pilotó el desarrollo de nuestra tierra durante más de un siglo, sin que una alternativa para sustituirlo por otro. Los diferentes gobiernos asturianos, más que ejercer como tales, se comportaron como meras diputaciones provinciales que lo fiaron todo al uso de los fondos europeos, en muchas ocasiones desaprovechados en obras faraónicas de dudosa utilidad, en vez de apostar por la actividad productiva, creyendo en una hipotética inversión exterior que nunca llegó. Durante años, esos fondos sirvieron de anestesia social que, a la vez que permitía tejer una red clientelar para construir mayorías electorales, enmascaraba la decadencia de nuestro sistema productivo.

Pero a la vez, Asturias fue orientando su acción política, no exenta de contradicciones, fruto de las luchas históricas protagonizadas por su movimiento obrero durante el último siglo y medio que han definido su conciencia colectiva, sobre la base de los principios y los valores de democracia, igualdad y justicia social. La universalidad y calidad de sus redes sanitaria y educativa, que prestan unos servicios que, aunque mermados como consecuencia de los años de recortes, siguen siendo referencia en el conjunto del Estado. La defensa de la calidad y la estabilidad del empleo y los derechos laborales, tanto en el sector público como en el privado. La solidaridad como eje de la acción político-institucional, que se fue concretando en la inclusión y la equidad social como prioridad política. Todos son principios y valores defendidos históricamente por la izquierda política y sindical, que nos han permitido alcanzar unos razonables niveles de desarrollo y bienestar que la derecha económica y política ha puesto en grave riesgo en los últimos años. Asturias ha sido también una sociedad abierta, enla que la inmigración de trabajadores foráneos no solo no ha sido nunca un problema, sino al contrario, una parte integrada que siempre sumó para trabajar por los derechos de toda la comunidad.

Pero el sostenimiento de estas políticas públicas basadas en los principios y valores históricos de la izquierda será inviable si Asturias no consigue revertir el proceso de desconexión. Dicho de otro modo, solo podremos mantener y mejorar el conjunto de nuestros servicios públicos y avanzar hacia un modelo institucional basado en la justicia y la igualdad, si somos capaces de culminar de forma inmediata las infraestructuras pendientes, derrumbar el tradicional y absurdo localismo, y construir un modelo político-institucional en el que prime el interés general y la complementariedad territorial, abordando con rigor la cuestión demográfica y, sobre todo, si somos capaces de diseñar y poner en marcha un nuevo modelo productivo que garantice la sostenibilidad económica y el empleo en nuestro país.

Pero a pesar de las dificultades vamos a ser capaces de lograr ese objetivo. Para ello Asturias deberá refundarse en la próxima década, terminando con la actitud psicopolítica de sumisión y sucursalismo que Asturias ha venido manteniendo con el Estado desde hace décadas y que reproduce comportamientos de protectorado de un sujeto colonizado feliz. Vencer esa actitud no significa, de ningún modo, renunciar a la construcción de un futuro común y solidario con todos los pueblos del Estado. Mantener una exigencia con España que garantice inversiones públicas y planificación económica justa, y contribuir a avanzar hacia un modelo de república federal moderna, democrática y con un claro carácter solidario, participativo y social. Vencer esa actitud significa ser capaces de rearticular un proyecto político solvente en nuestra tierra para que, como señalaba hace casi cuarenta años Pedro de Silva, recuperemos como colectividad la dignidad de ser agentes de nosotros mismos. Se trata, pues, de recuperar la Asturias productiva y consciente de sí misma.

Eso significa que en estos próximos diez años tenemos que ser capaces de diseñar un modelo económico que combine las industrias tradicionales, (siderúrgicas, metalmecánicas, químicas, alimentarias, etc.) con la industria del siglo XXI basada en la información, la tecnología y la innovación, superando el modelo de los siglos XIX y XX.

Significa también que en los próximos diez años tenemos que multiplicar el presupuesto de la Universidad de Oviedo y el destinado a investigación y desarrollo para que se conviertan en elementos esenciales, en locomotoras de la adaptación continua. Superar esto exige que en la próxima década el Área Central sea una realidad institucional y territorial integrada, sin que eso signifique, bajo ningún concepto, continuar con la eterna marginación de las alas. Significa también que de manera urgente estén operativas las grandes infraestructuras de comunicación, incluyendo el corredor del suroccidente, el corredor Atlántico –eje estratégico de intercambio económico, comercial y cultural con Europa- y las redes de telecomunicaciones que nos conecten con el siglo XXI y relocalicen las redes de producción y consumo, convirtiendo a nuestra tierra en ejemplo para un contexto económico internacional en crisis insuperable. Superar el protectorado es, en definitiva, establecer de manera inmediata la oficialidad de la lengua asturiana en nuestro Estatuto de Autonomía para que el tratamiento de nuestro idioma no difiera del que se da a las demás lenguas del Estado.

En definitiva, Asturias deberá refundarse desde la certeza de que es capaz de construir una dinámica social y económica nueva que permita abordar el futuro. Debemos partir de nuestras insuficiencias para superarlas, y tenemos que ser conscientes de nuestras fortalezas y de nuestros grandes recursos. Empezando por el territorio, un cuarenta por ciento del cual es nominalmente reserva natural, uno de los mayores espacios protegidos de Europa, lo que ofrece enormes posibilidades para la industria ambiental y el turismo sostenible y que permite, en espacios urbanos, periurbanos y rurales, que nuestra comunidad sea un lugar inmejorable para vivir y trabajar. Una Universidad y un conjunto de organismos de investigación y centros tecnológicos que, con una estrategia adecuada y una financiación suficiente, puedan convertirse en el cerebro y motor de nuestra economía. Una tradición industrial que siente las bases del nuevo modelo productivo. Un medio rural que, aunque necesitado de adaptación y modernización, puede seguir sustentando una industria agroalimentaria que en muchos aspectos es puntera en España. Un patrimonio histórico y cultural, tanto material como inmaterial infrautilizado, necesitado de protección, pero, sobre todo, de reconocimiento y de actualización que lo dignifique, no como restos del pasado sino como herramienta de futuro. Y su gente. Asturias cuenta sobre todo con su gente, joven y mayor, trabajadora de todo tipo, comprometida con la tierra y el futuro.

Asturias debe refundarse, para que el proyecto que la reconecte con el mundo conserve los valores y las conquistas sociales que nos enorgullecen; para que la democracia, la igualdad y la justicia sean los principios que guíen su acción política, esa refundación debe ser liderada por la izquierda, que debe mantener todo lo que merezca la pena ser mantenido, que es mucho más de lo que proclaman los voceros neoliberales y no tener miedo a desechar lo que el tiempo señaló como inservible. Requerimos un gran pacto por el futuro de nuestra tierra sin renegar de su pasado, participando en la redefinición global de la izquierda, pero asumiendo la experiencia colectiva de la lucha social de nuestro pueblo.

La acción política de la izquierda no puede ser única, ni siquiera principalmente, la de resistir sino la de proponer. Por eso las mujeres y los hombres de Izquierda Unida y de Izquierda Asturiana queremos dar un paso al frente y comprometernos a liderar un compromiso con nuestra tierra desde una izquierda con identidad propia. Eso significa encontrar desde aquí las respuestas adecuadas reformulando las preguntas, para trabajar sin miedo a los desafíos de este nuevo tiempo, para que Asturias mantenga su conciencia colectiva y transite por la izquierda. Queremos convocarte al proyecto de alcanzar entre todas y todos la Asturias que soñamos. Para que, en las próximas décadas, podamos seguir diciendo con orgullo que “para descubrir lugares asombrosos no siempre hay que mirar a las estrellas”.